Ricky Martin conquista corazones de almas que despertaron su lado adolescente

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El cantautor puertoriqueño, Ricky Martín, no solo conquistó los corazones de las más de 20.000 personas aglutinadas en la noche del viernes en el Jockey Club Paraguayo, sino que transportó a través de sus canciones a los años de la adolescencia y juventud.

El show se desarrolló en tres facetas, porque el público pudo bailar al ritmo de la salsa caribeña, mover las cabezas gracias al rff de guitarra en el momento rockero y deleitarse en el romanticismo que bien pudo expresar el artista.

Las primeras dos canciones, el cantante invitó a danzar en ese ritmo que contagió a las damas que llegaron preparadas a ese menester. Pégate y María, fueron las que rompieron el hielo de la noche cálida, porque la humedad hizo lo propio y se pudo divisar en Ricky Martín, quien por momentos no disimuló secarse la transpiración.

Adrenalina, mostró el otro estilo que presentó el showman, el rock duro, gracias al virtuosismo del guitarrista y el baterista, quienes le dieron el toque mágico. Inmediatamente, los decibles bajaron para ir hasta el caribe ya Bombón de Azúcar invitó a aquello.

El suspiro no se hizo esperar, ya que de ello, las damas conocían bastante y Vuelve las transportó en ese mundo, que Ricky Martin, no olvidó que a cada fanática que llegó hasta el lugar, lo tenía bien guardado con ganas de sacarlo. Vuelve hizo el retorno a aquella energía que solo la canción lo puede hacer realidad.

En un momento del espectáculo, el cantante agradeció al público y se comprometió a volver pronto y no esperar otros 15 años. Aseguró que se recordaría las canciones más emblemáticas de su carrera.

Y no mintió, porque continuó el baile con Shake Your Bon-Bon, Que rico fuera, Lola, Lola, La Bomba, She Bangs. Para luego amortiguar el ambiente con lo romántico de Tal vez, Gracias por pensar en mí Tu recuerdo, Disparo al corazón.

La atmósfera de amor, continuó con Asignatura pendiente y Adiós, donde Ricky Martin siempre estuvo acompañado de un selecto grupo de músicos quienes tema tras tema, utilizaban los instrumentos de acuerdo al estilo.

Sin olvidar que el elenco de bailarines hizo lo propio en cada coreografía que la canción lo requería. En ese aspecto, no quedó atrás la sensualidad y los movimientos que invitaban a “lo sabroso”, como lo repitió el puertoriqueño y que las damas respondían con gritos.

El viaje hacia el pasado de adolescencia y juventud, finalizó con Vente pa´ca, La Mordidita, Livin´la Vida Loca  y con el himno del Mundial Francia 98, La Copa de la Vida.

El ambiente fue de sensaciones encontradas, ya que no se paró de bailar, cantar y suspirar. Los grupos de mujeres y varones que estuvieron reunidos y concentrados en el Jockey Club, salieron con la sonrisa a flor de piel, porque ese mismo sentimiento transmitió Ricky Martin.

Julio Ramón Dávalos Acuña.